Nice Game

Guillermo Laich
18/07/2026 17:01

 

 

 

La nucleo central del deporte competitivo se basa en la disciplina, el juego limpio, y el respeto mutuo. En consecuencia, la correcta valoración de una victoria o una derrota siempre dependera de la educacion y la buena voluntad del deportista.

 

 

 

En los Estados Unidos las competiciones deportivas, a todas las edades y niveles, se toman muy en serio. Fue en los EE.UU. donde el autor comenzó compitiendo en atletismo a los siete años de edad, a los quince años fue campeón mundial de baseball, y luego estrella de futbol americano, futbol europeo (soccer), y beisbol a nivel bachiller y universitario. El aval de antiguos compañeros de equipo como Steve Caria, Bob Hooper, Bill Boles, Bill Alexander, y algunos más, así como los documentos correspondientes, así lo confirman.

Recuerdo como a la temprana edad de catorce y quince años – y en adelante - realizaba dos entrenamientos por día. El primero comenzaba a las 06:45 y concluía a las 08:00 y el segundo comenzaba a las 15:15 y concluía a las 17:15. Entre ambas sesiones acudía a mis clases de bachiller (high school) de 08:10 a 15:00, donde de 11:45 a 12:30 debía acudir a una reunión del equipo (chalk talk) para determinar la mejor estrategia a emplear contra el equipo que enfrentaríamos el siguiente viernes o sábado. 

A todo esto, y después de ducharme, cogía el autobús de las 17:45 para llegar a mi casa sobre las 18:15, más o menos. Al llegar, dormía 20 minutos sobre un cómodo sofá, cenaba con mis padres y hermanos, e incluso lograba estudiar un par de horas. A las 23:00 ya estaba en la cama para levantarme a las 06:15 nuevamente. El ritmo era feroz y apasionante pero más feroz aun eran las competiciones deportivas en el norte de California.

Después de cada competición, e independiente de haber salido victorioso o derrotado, siempre nos dábamos la mano unos a los otros y nos decíamos “nice game,” o sea “buen partido.” En ninguna ocasión, yo o cualquiera de mis compañeros de equipo, negó el apretón de manos, maltrato, insulto, desprecio, o dio la espalda a un jugador del equipo opuesto. 

Todos respondíamos a un honorable código de conducta y comportamiento que aun conservamos hasta el día de hoy. En ese momento, cuando la competición se había acabado, éramos felices, y permanecíamos tan amigos como siempre. Entendíamos muy bien que el equipo que ganaba enseñaba, y el equipo que perdía aprendía … y poco más. Ese era nuestro correcto y honorable comportamiento.

Nadie se marchaba a su casa llorando o lleno de frustración e ira. Simplemente hablando, un equipo tuvo que ganar (triunfar) y el otro perder (ser derrotado) … esa es la naturaleza de la competición deportiva … y la vida continuaba como siempre. En esencia, nuestros padres y entrenadores del día de ayer nos habían enseñado el noble y difícil arte y comportamiento de saber colocar nuestro texto en su debido contexto.

En esencia, podriamos decir que era "otra era y otra consciencia." Una era es una epoca o periodo de tiempo que cuenta partiendo de un hecho historicamente relevante para la humanidad.

Pues bien, estamos hablando de una era - que existio en el tiempo hace mas o menos sesenta o setenta años - donde esos dos impostores y farsantes, la victoria y la derrota, segun las palabras del escritor britanico Rudyard Kipling (1865-1936), eran tratados por la consciencia humana como lo que realmente son ... dos reverendos y arbitrarios impostores carentes de la debida potestad y capacidad para influir o definir la identidad, el honor, la dignidad, y/o el autentico valor intrinseco de una persona a lo largo de su vida.

En sus escritos, Kipling muy inteligentemente nos advierte que el exito (ganar) es un impostor porque nos hace creer que es eterno o que define totalmente la valia de una persona, lo que puede llevar a la soberbia, el engreimiento, la altaneria, o al exceso de confianza. De igual forma, y en contrapartida, Kipling tambien nos advierte que el fracaso (perder) finge ser una verdad absoluta que destruye al individuo cuando en realidad es pasajero y no debe aniquilar el espiritu ni la voluntad de comenzar de nuevo.

La clave consiste en mantener un sano y maduro equilibrio, y no dejarse llevar ni cegar por la gloria del triunfo ni hundirse por la agonia de la derrota o desgracia.

En esa tan bonita y especial era, el fuerte apreton de manos, el respetuoso reconocimiento, y las palabras, "nice game," despues de toda competicion deportiva dan fe de todo lo expresado anteriormente. Intentemos volver a esos tiempos con nuestros pensamientos, sentimientos, y comportamientos ... les aseguro que el mundo actual seria mucho mejor.

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El comportamiento es todo lo que hace un organismo vivo, esto incluye cualquiera de sus acciones. Todas las respuestas a estímulos, ya sean motores o glandulares, se consideran tipos de comportamiento.

El comportamiento humano suele ser complejo y raras veces simple en toda situación real. Por ejemplo, el acto de leer también representa un comportamiento y, de hecho, en este momento usted está leyendo este artículo. Tal comportamiento se presenta como engañosamente simple y sencillo, pero no lo es. Y no lo es porque representa una larga serie de comportamientos adicionales que complementan el acto de leer.

Incluso una simple acción suele constar de un conjunto de comportamientos más pequeños. Imaginemos, por ejemplo, un partido de béisbol o de fútbol, colmado de comportamientos primarios, secundarios, y terciarios, todos ellos tanto físicos como psicológicos, que permiten la ejecución de ciertos pensamientos, sentimientos y acciones. No todos ellos tienen por qué ser los más idóneos y/o correctos para la tarea en cuestión.

El comportamiento constituye el principal objeto de estudio de la psicología, que podemos definir como la ciencia que estudia el comportamiento de los organismos vivos. El comportamiento, por lo tanto, representa el objeto de estudio de la disciplina, así como la fuente primaria de sus datos funcionales.

Lo que se conoce como terapia conductual consiste de un tratamiento basado en los principios del condicionamiento. Tal terapia confronta los patrones del comportamiento desadaptativo, considerándolo como algo aprendido y, por lo tanto, susceptible de modificación y/o extinción.

Por otro lado, el conductismo representa una doctrina que sostiene que el comportamiento puede explicarse, predecirse, y controlarse sin referencia al concepto de conciencia. Además, y dando un paso más en profundidad, la genética conductual estudia cómo la estructura genética subyacente de un organismo influye en la determinación de rasgos, talentos, o predisposiciones.

La palabra clave en la frase anterior es "predisposición," o sea, una predisposición que presumiblemente se hereda. La causa reside en la interacción entre la predisposición y, por ejemplo, los efectos del estrés sobre él organismo. Sin embargo, la predisposición es como un dado trucado, y es fácil que el destino juegue en contra del individuo.

Nuestro modo de comportamiento influye decisivamente ante la predisposición y actitud que adoptamos en el momento de tener que valorar nuestros éxitos (triunfos) y fracasos (derrotas) deportivos.

El comportamiento anormal es aquel que se desvía significativamente de una norma cultural o estándar grupal. Cuando se usa la palabra "anormal" en un sentido negativo o peyorativo, se refiere a un comportamiento desadaptativo y contraproducente. Este tipo de comportamiento suele ser angustiante para el individuo y/o para los demás.

La primera pregunta que surge al observar un comportamiento anormal es: ¿por qué? Buscamos explicaciones. Existen muchas, algunas satisfactorias, otras insatisfactorias y otras intermedias. La posesión demoníaca, por ejemplo, es una explicación del comportamiento anormal que resulta insatisfactoria para la mayoría de los profesionales de la salud mental.

El psicoanálisis de Freud explica la conducta anormal en términos de conflictos intrapsíquicos dentro de la vida emocional; por otro lado, el conductismo de B. F. Skinner la explica como una conducta aprendida de experiencias vitales adversas y mantenida por reforzadores o recompensas conductuales; y finalmente, el conductismo genético la explica a través de factores genéticos, bioquímica, deficiencias vitamínicas, aditivos alimentarios y relaciones interpersonales en su búsqueda de explicaciones para la conducta anormal. 

Es evidente que no existe una única explicación válida y aislada. Es evidente que para un amplio espectro de trastornos se necesita un amplio espectro de explicaciones.

La conducta agresiva se produce cuando un organismo realiza un ataque hostil y dañino, físico o verbal, contra otro organismo o cosa. Por ejemplo, dos mujeres comienzan a discutir repentinamente. Al principio, ambas se dicen palabras malsonantes y luego se profieren insultos graves. Ambas muestran agresión verbal. A medida que el conflicto se intensifica, una de las mujeres pierde los estribos y abofetea a la otra con fuerza. La mujer que abofeteó ahora muestra agresión física.

Con frecuencia, el comportamiento agresivo actual hacia humanos y/o animales puede explicarse mediante el aprendizaje por observación, es decir, aprender observando a un modelo que exhibe un comportamiento agresivo. Los niños con padres o hermanos agresivos, que participan en chats digitales agresivos y ven películas y series agresivas – e incluso homicidas - en los medios de comunicación, tienden a imitar algunos o todos sus comportamientos.

Es mas, multiples investigaciones han demostrado que virtualmente todo individuo iracundo y agresivo aprendio a ser como tal en los confines de su hogar cuando era pequeño, y de la mano de sus padres y demas familiares - no necesariamente en la calle o el barrio.

La investigación de seis décadas centrada en el aprendizaje social del profesor de psicología de Stanford, Albert Bandura (1925-2021) y sus colaboradores, sugiere que observar modelos que exhiben rasgos y actos agresivos en la televisión y en la multitud de medios disponibles actualmente puede inducir al observador a imitar el comportamiento observado. 

Hace algunos años, esto parecía aplicarse más a niños en edad preescolar y personas con trastornos emocionales que a adultos emocionalmente maduros. Actualmente, el aprendizaje por observación de rasgos y actos agresivos puede influir negativamente en personas de todas las edades en el mundo entero.

Hasta hace poco la medicina y ciencias del deporte eran ciencias marginales. En la actualidad estas ramas del conocimiento se aplican en entrenamientos, competiciones, publicidad, educación, relaciones públicas, campañas políticas, estrategias financieras, selección de personal, técnicas de supervivencia, CEO´s y directivos de grandes organizaciones, e incluso en la preparación de astronautas.

Tales conocimientos proporcionaron una mayor capacidad física, intelectual, y emocional, además de herramientas de superación personal ante el éxito y el fracaso. Ello incluye la actitud y el comportamiento ante la victoria y la derrota en las competiciones deportivas.

La conciencia supone la existencia de una actividad reflexiva. En los reflejos complejos, entre todo estimulo y respuesta se interpone un pensamiento cuya base operativa depende del sistema de creencias del individuo. Saber situar objetivamente nuestro texto de habilidades e imperfecciones personales dentro de un contexto determinado no es tarea fácil. Y no lo es porque uno es constantemente observado, evaluado, clasificado, y juzgado según las circunstancias en las cuales manifiesta su comportamiento. 

Tales juicios y evaluaciones no siempre son los más acertados ya que múltiples errores, equivocaciones, distorsiones, malversaciones, y tergiversiones cognitivas intervienen de forma decisiva en el proceso global. En tales casos, evidentemente, evidente miente.

El triunfo o éxito deportivo se define como el cumplimiento de las expectativas, metas, y propósitos. El verdadero éxito deportivo radica en triunfar y vivir de forma coherente con los propios valores, así como encontrar plenitud, paz, y satisfacción en el proceso. Por otro lado, el fracaso deportivo consiste en la falta de éxito o un resultado adverso en una determinada competición.

No obstante, el fracaso representa una emoción intensa, vital, dolorosa, inevitable y, según se mire, sumamente beneficiosa para el desarrollo personal. Con el fracaso siempre hay dolor y sufre la autoestima, pero de él se aprenden muchos elementos altamente beneficiosos si la experiencia es entendida, valorada, y afrontada con madurez, valentía, honradez, y voluntad de superación. Si bien el dolor ante un fracaso es obligatorio, el sufrimiento es opcional.

Tambien es una expresion de descontrol e immadurez demostrar animosidad verbal y fisica hacia el y/o los oponentes una vez concluido el encuentro.

En cualquier competición deportiva existen tres fases sucesivas que siempre se repiten: 1.- propósito (el deseo e intención de realizar algo); 2.- acción (poner en práctica el propósito); y 3.- finalización (lograr, o no lograr, el objetivo deseado). Según Pablo Picasso (1881-1973), la fase de acción es la clave fundamental de todo éxito, siendo en la finalización donde ocurre un peligroso y, a menudo tan equivocado, juicio valorativo que puede desembocar en ira, falta de respeto, y agresion.

La derrota o el fracaso puede suceder por error y/o equivocación en el planteamiento del propósito, intenciones equivocadas, pretensiones ilusorias, objetivos inalcanzables, sobrevaloración de las propias habilidades, entre otras. También puede suceder por error y/o equivocación en la fase de acción, hecho que no siempre depende pura y exclusivamente del individuo en cuestión.

Típicamente, la derrota o el fracaso se manifiesta mediante una sensación de vacío interior y ansiedad existencial. Puede ser tanto por motivos reales o imaginarios, pero el sujeto se siente insatisfecho consigo mismo, con su rendimiento, y avergonzado ante sus compañeros de equipo. 

la valoración del éxito y el fracaso deportivo siempre debe ser realizada partiendo de dos puntos de vista fundamentales: 1.- el análisis objetivo (realizado desde el exterior de la acción realizada y, sobre todo, del logro o no logro final de los objetivos); y 2.- la percepción subjetiva (realizado desde el interior del sujeto según el grado de satisfacción personal obtenido). Cabe mencionar que ambas evaluaciones raras veces coinciden. 

El auténtico valor del éxito o el fracaso deportivo se debe buscar en la integración mental y en la repercusión afectiva que ambos conceptos - objetivo y subjetivo - ejercen sobre el sujeto. Esto se debe a que ambas valoraciones y enjuiciamientos pueden determinar la sucesiva forma de actuar, bien a modo de estímulo positivo motivador (en el caso del éxito), o bien como estimulo negativo inhibidor (en el caso del fracaso).

Algunos deportistas actúan de acuerdo a la ley del “todo o nada.” Son individuos que poseen una sensibilidad y un perfeccionismo obsesivo y exagerado, donde su equivocada filosofía se basa en pensar que es preferible no actuar sin arriesgar nada, que actuar con el riesgo de fracasar. Saber actuar en consecuencia siempre encierra posibilidades de éxito o fracaso, mientras que el no actuar representa un fracaso desde el comienzo y siempre. 

La experiencia ha demostrado que la plena satisfacción tras una tarea realizada es algo que pocas veces se logra. No es más ganador quien no fracasa, sino quien es capaz de recuperarse del fracaso una y otra vez, confiar en sí mismo, y seguir adelante. Paradójicamente, y en multiples ocasiones, es considerablemente más complicado y difícil que un deportista logre recuperarse de un gran éxito que de un gran fracaso.

Por lo tanto, ante una derrota o fracaso deportivo es altamente preferible adoptar una cuádruple visión, actitud, y comportamiento: 1.- plena aceptación del hecho; 2.- valoración objetiva con intención de superarlo; 3.- extraer sus consecuencias positivas y descartar las negativas; y 4.- impedir que se instaure la duda sobre la propia identidad, la autoestima, y lo que el deportista es capaz de realizar.

Por ultimo, recuerden las palabras de Rudyard Kipling, "al exito y al fracaso, esos dos impostores, hay que tratarlos con la misma indiferencia. Tanto uno como el otro no son mas que sombras momentaneas del camino por la vida, dos disfraces de una misma e irreal ilusion. Lo que realmente importa es como caminamos y transitamos por las vicisitudes de la vida, no aquello que nos aplaude o nos derriba."

Se gane o se pierda, el hecho de acercarnos a nuestro oponente, ofrecerle un firme y sincero apretón de manos, y reconocer su habilidad y espíritu combativo con un “nice game” después de la competición, es siempre un excelente final y asi como un formidable nuevo comienzo.

 

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