El Lado Oscuro de la Ira

Guillermo A. Laich
13/06/2018 17:22

"La ira es nuestro autentico enemigo ya que se haya en nuestra mente. La ira no cambia nunca su naturaleza. Siempre hiere y destruye. Y lo que es peor, aniquila nuestras fuerzas y energías."

Dalai Lama 

"La ira es una emoción que causa indignación y enojo. Corresponde a una reacción ante la vulneración de la integridad del ser, y funciona como una reafirmación personal secundaria a una frustración en la esfera racional."

Guillermo A. Laich

Usted va conduciendo con prisa para llegar a la oficina sobre las ocho de la mañana. De repente, el coche adelante del suyo frena bruscamente, efectúa un brusco desvío hacia la derecha, y se aproxima a la acera a pesar de que el semáforo aun esta en verde. ¿Qué le pasa a ese tío?, se pregunta – además, parece ser que para el los intermitentes no existen. A continuación le toca el claxon de forma continua durante diez segundos y en voz alta le dirige una serie insultos y amenazas malsonantes.  

En ese momento se abre la puerta del acompañante y se baja una señora. La señora cierra la puerta y continua hablando con el conductor a través de la ventana mientras usted permanece en espera. A todo esto el semáforo se ha puesto en rojo.  Nuevamente aprieta el claxon de su coche con toda su fuerza durante unos segundos. Poco a poco su ira comienza a nublar su visión y sus pensamientos. Su nivel de frustración va en aumento y siente que en cualquier momento perderá el control y se bajara del coche. Baja la ventana e intenta insultar al conductor directamente pero le resulta imposible porque esta detras. 
 
Finalmente, empapado en sudor, llega a su oficina media hora tarde y sin poder asistir a la reunión de las mañanas con el jefe. A continuación, y con razón, su jefe le increpa delante de los empleados. Se traga las palabras de su jefe y se dirige con paso rápido y firme a su puesto de trabajo. Al entrar en la habitación lanza los papeles sobre el escritorio de su secretaria volcando su tasa de café sobre su vestido en el proceso. Gesticula y grita a su secretaria cada vez mas fuerte. 
 
¿Qué ha sucedido aquí? Usted ha pasado de simplemente sentirse frustrado a ser totalmente dominado por su propia ira y, en consecuencia, perdió el control. Esta claro que usted no comprende la esencia de su sentimiento de ira ni sabe como descargarla adecuadamente. A partir de ahí puede suceder cualquier cosa …  
 
Todos vivimos nuestras vidas pensando y sintiendo emociones. Una emoción es un impulso que nos invita a actuar. A actuar, bien, pero ¿cómo, cuando, y con cuanta intensidad? Esas tres cosas suelen estar determinadas por el tipo de emoción. De hecho, el estado emocional de una persona influye directamente sobre la forma en que percibe el mundo. Esta comprobado que un determinado estado emocional es capaz de alterar y determinar la forma en que el cerebro procesa la información que obtiene tanto del mundo exterior como del interior. Tal vez de ahí proceda el enorme éxito que tienen las películas de drama y acción, ya que nos proporcionan emociones ilusorias que suelen estar ausentes en nuestra vida diaria.
 
Es posible distinguir dos tipos básicos de emociones: las positivas y las negativas. Las positivas nos acercan a los sentimientos constructivos y agradables como el amor, la alegría, la compasión, y la admiración; mientras que las negativas nos acercan a los sentimientos destructivos y degradables como el miedo, el odio, la tristeza, la ira, y la rabia. En esencia, es nuestro mundo de creencias lo que nos lleva a desear sentir emociones positivas o negativas.
 
Generalmente se tiende a pensar que las emociones negativas centradas sobre conflictos como la irritación, la frustración, la ira, y la rabia, sencillamente representan una progresión cuantitativa y lineal que va de menos a mas. De esta manera, y en semejanza a lo que le sucedió a nuestro iracundo conductor, encontramos la irritación en la zona baja del espectro, la frustración y la ira en la zona moderada; y la rabia y la furia en el extremo grave del mismo espectro. De ahí que la rabia represente – cuantitativa y cualitativamente - la cara oscura de la ira.
 
Existe un importante componente cualitativo aplicable a los estadios emocionales intermedios intercalados en serie entre la ira y la rabia. Esto implica que si bien la ira y la rabia representan dos estadios emocionales cuantitativamente distintos, quizás lo sea aun mas cualitativamente. Veamos por que.
 
El concepto de ira hace referencia a aquellos sentimientos de violencia, enojo, angustia, e indignación generados en torno a situaciones o personas específicas. Corresponde a un sentimiento que presenta una alteración anímica negativa que, a su vez, puede acabar en diversas formas de violencia, especialmente cuando no está correctamente canalizada. La ira es una reacción biológica básica que, dependiendo de la particularidad del caso, es capaz de acercar al ser humano al estado casi animal. En tal caso el uso de la razón queda parcial o totalmente anulada por el fuerte componente impulsivo e irracional. No obstante, y salvo muy raros casos, la ira siempre conserva un cierto componente de racionalidad que permite su eventual control.
 
Para la gran mayoría de las personas la ira suele representar la emoción mas desconcertante, compleja, y peliaguda de todas. Aquellos que sienten ira hacia otra persona tienden a expresar emociones de hostilidad muy rápidamente en los primeros segundos o minutos de una supuesta conversación. Tal hostilidad se puede presentar de forma activa o pasiva. Incluso podemos afirmar que la ira humana, en semejanza al arte humano, representa una experiencia universal que existe en todas las latitudes del planeta, así como en todas las razas humanas. Incluso aquellos individuos que viven en climas sumamente fríos y desolados – como Siberia, Islandia, o el norte de Alaska, Finlandia, o Canadá – experimentan momentos de frustración e ira cuando las cosas no salen como ellos desearían. 
 
No obstante, la expresión de la ira no siempre es homogénea y tiende a variar de cultura en cultura. Es muy probable que absolutamente nadie, con la posible excepción de algunos santos eclesiásticos, este exento de experimentar la emoción de ira en momentos determinados de sus vidas. Debido a que la emoción de ira es capaz de escalar en quien la padece, esta es capaz de llegar a limites incontrolables. Por ello es importante saber definir y diferenciar, con la mayor precisión y exactitud, lo que es una reacción de ira normal y lo que es una reacción de ira anormal o patológica. 
 
El Pitbull y la Cobra
 
Matones, chulos, rufianes, agresores físicos, maltratadores, y abusadores en general pueden ser clasificados en dos categorías básicas que además son cuantitativamente y cualitativamente distintas una de la otra. Haciendo abuso de la magia explicativa de la metáfora, podríamos decir que los primeros se parecen a un fuerte e iracundo pitbull terrier y los segundos a una fría y rabiosa cobra. 
 
Un pitbull terrier es un perro de sangre caliente, musculoso, fuerte, y de pelo corto cuya genética en ocasiones ha sido hábilmente manipulada para combatir a muerte con otros perros. Un pitbull se caracteriza por su agresividad, éstamina, ferocidad, rapidez, y tenacidad cuando es enfrentado en combate a otro perro. Por otro lado una cobra es una serpiente venenosa de sangre fría que, cuando se siente amenazada, eleva su cabeza y expande la piel de su cuello en preparación para el ataque con sus colmillos llenos de un veneno mortal. 
 
El comportamiento diferencial de estos dos animales ante situaciones criticas y amenazantes nos sirve de guía para establecer las similitudes y diferencias, tanto cuantitativas como cualitativas, existentes en los seres humanos cuando expresan las emociones de ira y rabia. 
 
El Pitbull Humano
 
La ira representa una de las emociones humanas mas básicas. Trasladando el comportamiento iracundo del pitbull terrier al pitbull humano nos encontramos ante la presencia del típico matón, o maltratador físico y/o psicológico que libera su ira cuando, como, y donde se le antoja. Las personas tipo pitbull sienten ira en vez de rabia, y su frecuencia cardiaca incrementa progresivamente a medida que expresa su ira. Estas personas experimentan una sensación agresiva progresiva que va en aumento hasta lograr liberar toda la hostilidad que contienen y/o reprimen en su interior. En ese momento castigan, someten, humillan, o maltratar a la otra persona. 
 
No obstante, la emoción de ira puede ser controlada y modulada por quien la padece. Es posible que una persona se sienta un levemente iracundo y aun mantenga un relativo control sobre sus acciones impulsivas y agresivas. Pero también es posible que se sienta altamente iracundo y pierda el control tanto de sus impulsos como de sus acciones destructivas. 
 
Por ejemplo, una inmediata y sincera disculpa posee el poder de neutralizar una acalorada discusión entre dos personas. Tal poder se debe a que la disculpa representa una alternativa humilde, respetuosa, y razonable que la otra persona aun no había tomado en consideración. Además, la persona iracunda siempre es capaz de ejercer un cierto grado de control consciente sobre su propia ira. En términos generales, podemos afirmar que cuanto mas fuerte y acalorada sea la discusión menos razón se tiene, y que quien es capaz de controlar su reacción también controla la situación. 
 
De manera muy interesante es muy común ver a dos personas tomando parte en una discusión hostil y acalorada cuando de repente suena el teléfono móvil de uno de ellos. En ese momento el dueño del teléfono procederá a recibir la llamada y responder a quien le llama con una voz tranquila y comedida, incluso puede llegar a reírse mientras le cuentan algún chiste. No obstante, cuando finaliza la llamada volverá al ataque con su adversario y, discutiendo lleno de ira con la otra persona, como si nada hubiese pasado. Como se puede apreciar, la ira humana es algo extraño, muy extraño. 
 
Como si eso fuese poco cabe aclarar que la característica psicológica central y mas llamativa de la ira consiste en que la propia ira representa una herramienta para intentar arreglar el conflicto de base. Si da resultado, ambos logran reconectar y reconciliarse y las espadas que estaban en alto tienden a bajar. Incluso los pitbulls humanos suelen intentar “arreglarse nuevamente” con sus parejas, padres, hijos, amigos, y hermanos para poder disfrutar de una relación mas estable y feliz. Aunque parezca mentira, esto es así, y los procesos terapéuticos están enfocados a ayudar a sentir la propia ira ante el hecho de ser abusado/a con la finalidad de motivar la resolución de la situación conflictiva en vez de someterse crónicamente y de forma indefensa. 
 
Finalmente, y a modo terapéutico, existe una breve frase que posee la capacidad para detener de inmediato, y como si de magia se tratase, las discusiones y los comportamientos mas iracundos imaginables. Esa frase es: “¿qué deseas … que no tienes?, y mas específicamente “que deseas de mi … que no te estoy dando? 
 
La Cobra Humana
 
A diferencia del pitbull, la cobra humana no presenta ni demuestra ninguna excitación fisiológica o psicológica fisiológica o clínicamente evidente. De hecho la cobra humana se encuentra cada vez mas fría, distante, y serena a medida que el momento de agresión y maltrato se aproximan. Esto se debe a que la cobra humana padece la mas grave emoción de rabia en vez de la menos grave emoción de ira. A diferencia de la ira, que presenta cierto grado de control racionalidad, la rabia es impulsiva, irracional, y descontrolada. 
 
La cobra humana no pierde la compostura ni el control cuando agrede ferozmente a sus victimas. Es posible que aparente cierto azar en sus acciones agresivas, pero les aseguro que la totalidad de sus acciones son fríamente premeditadas y calculadas, todo con la finalidad de producir una respuesta de humillación y destrucción por parte de la victima. 
 
Por todo lo anterior, si bien la rabia que expresan las cobras humanas se asemeja a un ataque de ira totalmente descontrolado, de ninguna manera lo es. De hecho es un comportamiento radicalmente distinto al que presenta la ira, así como mucho mas grave y dañino. La rabia es un proceso emocional basado en la ley del “todo o nada” y, a diferencia de la ira, es imposible modular o controlarlo. La rabia tiende a ser ubicua y global en el sentido de que no es dirigida hacia un objetivo especifico bien definido como suele ocurrir con la ira. Intentar calmar o tranquilizar una cobra humana en estado rabioso mediante un dialogo coherente y pausado solo servirá para incrementar los componentes de agresividad, frialdad, destructividad, y descontrol. Esta gente no escucha a nada ni a nadie – su rabia se lo impide.
 
A modo de comparación y contraste con la ira, si una llamada de móvil interrumpe a una persona en estado de rabia, esta hablara con quien le llama con el mismo veneno y grado de malicia y destructividad que utilizo con su victima presencial. Si bien el pitbull humano tiende a querer arreglar o resolver la situación, motivo de la ira, la cobra humana solo desea continuar humillando y destruyendo a su adversario o quien se le ponga delante. 
 
Adicionalmente, las cobras humanas carecen totalmente de empatía y/o remordimiento alguno respecto al daño físico y/o psicológico que infligen a sus victimas. Esto se debe a la nula o bajísima opinión que albergan sobre el valor intrínseco de las demás personas, llegando a tal punto que no necesitan a nadie jamás y para nada. Según ellos, la victima recibe de sus manos exactamente lo que tiene merecido. 
 
Transformación de Pitbull en Cobra y Viceversa
 
Ahora bien, ¿existe la posibilidad de transformar un pitbull en cobra y una cobra en pitbull? En caso de ser así, tal transformación serviría para abrir múltiples y muy interesantes posibilidades terapéuticas. 
 
Recordemos que la ira resulta de la activación de un proceso terciario en el cual se encuentran implicados cuatro elementos fundamentales: 1.- la activación de un orden cognitivo de alto nivel; 2.- la necesidad de intentar arreglar la situación conflictiva; 3.- la presencia de un objeto especifico y puntual con una culpabilidad identificable (no existe ubicuidad); y 4.- la posibilidad de ejercer un cierto grado de control. Por otro lado, la rabia resulta de la activación de un proceso primario en el cual se encuentran implicados cuatro elementos fundamentales: 1.- la activación de un orden instintivo de nivel básico; 2.- la necesidad de potenciar la destructividad de situación conflictiva; 3.- la presencia de múltiples objetos difusos con una culpabilidad identificable (existe ubicuidad), y 4.- la total ausencia de control. 
 
Si bien es muy posible escalar desde la emoción de ira (pitbull) hasta llegar a la emoción de rabia (cobra), es mucho mas dificultoso dar un paso atrás para intentar retroceder desde la rabia (cobra) hacia la ira (pitbull). No obstante, si se logra dar ese tan critico y difícil paso en sentido inverso, el próximo y obligado paso consistirá en ir desde la ira hacia la normalidad. 
 
Resulta triste presenciar como en ocasiones la ira es simplemente “embutida a presión y nuevamente alojada” en el interior del individuo en vez de permitir su expresión natural con el fin de intentar “arreglar” el conflicto. La experiencia ha demostrado que, por lo general, refrenar la expresión de ira no hace mas que intensificar la herida que la causo. 
 
Ahora bien, ¿cuánta ira es necesario expresar para neutralizar una herida emocional? Tal cuantía varia indefectiblemente de una persona a otra, así como la calidad de tal expresión. Permitir que la ira fluya con su debida intensidad y en la adecuada dirección, bajo la supervisión de un profesional de la salud mental, tiende a limpiar la herida emocional e inicia la curación. El mismo concepto terapéutico, pero con mayores dificultades, aplica para la rabia.
 
Sea cual sea el caso, intercambiando un pitbull por una cobra o viceversa, el flujo y la activación emocional implicados no dejan de ser un salto cuantitativo y especialmente cualitativo en el espectro emocional que ubica la ira y la rabia en los extremos de menor y mayor gravedad respectivamente. La rabia es, sin la menor duda, el lado mas siniestro y oscuro de la ira, y cuando se logra expresar tenemos la sensación de estar con un tirano ciego y enloquecido. 
 
Las personas rabiosas son incapaces de limitarse a decir: “me has herido.” Su incontrolable rabia esta tan íntimamente ligada a sus defensas que nunca están lo suficientemente libres para expresar su estado emocional de forma sencilla, comedida, y directa. En lugar de ello, liberan torrentes y torrentes de agresiones y hostilidades carentes de toda contención o consciencia de remordimiento. Terapéuticamente hablando, tales individuos precisan expresar sus respectivos estados emocionales de forma gradual y sobre todo llegar a comprender que pueden enfadarse sin necesidad de humillar, perder el control, y/o desmoronarse por completo.
 
Esta claro que en el fondo de todo este proceso existen tres elementos cruciales: 1.- el miedo; 2.- la herida emocional; y 3.- la necesidad imperativa de venganza para saldar las consecuencias psicológicas de la herida emocional. Las personas que expresan con tales acciones sus fantasías negativas de venganza no quieren tan solo la venganza, sino también humillar y destruir. 
 
Sea como sea la perspectiva desde la cual observemos el proceso, no cabe duda que el dialogo sincero, el autentico y mutuo entendimiento, la tolerancia, la paz interior, la introspección personal, y la capacidad para perdonarse a uno mismo y a los demás, constituye – con gran diferencia – la mitigación del miedo, el eventual cierre en planos de la herida, así como la mas humana y honorable venganza imaginable. 
 
No podemos vivir nuestra mayor calidad de vida basándonos en distorsiones y mentiras emocionales dirigidas hacia el núcleo de nuestra propia existencia. La sinceridad total – de uno para con uno mismo, así como con los demás - es el primer y obligado paso que conduce a hacia la libertad emocional. El segundo consiste en la expresión directa, abierta, y comedida de nuestros sentimientos mas íntimos y significativos.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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