La Torre de Marfil

Guillermo A. Laich
26/06/2018 17:31

 

Se suele decir que los academicos viven en torres de marfil, haciendo referencia al aislamiento intelectual en que tales personas viven de forma característica y voluntaria. No obstante, vivir la vida exclusivamente de tal manera no es del todo aconsejable ya que implica ubicarse de espaldas a las realidades de la vida humana.  

 

El marfil (del árabe ‘aẓm alfíl “hueso de elefante”), en anatomía denominado dentina, es un material duro, compacto y blanco que forma parte de los dientes de los vertebrados. Tal material puede ser usado para tallas artísticas u otros objetos, siendo el más conocido el procedente de los colmillos de los elefantes. Antes de la aparición del plástico era utilizado para fabricar teclas de los pianos y bolas de billar, botones, y artículos ornamentales de joyería. Su tonalidad llega a tornarse progresivamente más amarillenta con el paso de los años.

El termino “torre de marfil” se refiere precisamente a eso, una alta torre construida exclusivamente de marfil. No obstante el termino posee un poderoso significado metafórico ya que hace referencia al aislamiento intelectual en que una persona dedicada al sofisticado mundo académico universitario vive de forma característica y voluntaria. Una vida personal ubicada de espaldas a la vida humana en el mundo real. El termino también se refiere a un lugar privilegiado con características idóneas y extraordinarias, así como de muy difícil acceso.  
 
No obstante, y en la actualidad, tal termino ha llegado a poseer una connotación con cierta misantropía negativa, e implica que quien vive en una torre de marfil vive encerrado, protegido, solo, y abstraído en un mundo artificial de su propia creación. Un mundo puramente intelectual, tranquilo, controlado, y predecible que, por definición, se encuentra ubicado fuera de la vida real. 
 
Por lo tanto, se dice que vive en una torre de marfil a aquel escritor, artista, o científico que se ha desvinculado de la vida cotidiana, y que se ha aislado voluntariamente de todo lo que le rodea, atendiendo solo a la perfección de su obra e indiferente ante la realidad y los problemas del momento. Por lo general el termino se aplica al una especie de burbuja social correspondiente al elitismo académico. En virtud de tal, resulta sumamente difícil ser aceptado y conseguir ingresar en ese tan especial espacio, pero mucho mas difícil aun es lograr salir y adaptarse nuevamente a las vicisitudes del mundo real. 
 
Pues bien, se supone que los individuos académicos viven sus vidas en torres de marfil, y lo hacen con la única finalidad de obtener conocimientos sobre la naturaleza sin pensar en las posibles aplicaciones practicas. A modo de ejemplo, en su momento el matemático griego Euclides de Alejandría (300 A.c.), ordeno a un subordinado que de unas pocas monedas a uno de sus alumnos cuando este pregunto si la geometría que estudiaba poseía aplicaciones practicas.  
 
En términos generales podemos decir que el proceso de adquisición de conocimientos conlleva su propio ritmo e inercia. Esto suele suceder porque cuando el conocimiento de algo es parcial, el académico inmediatamente intenta completar lo que aun falta de tal conocimiento. Por otro lado aquellos que son eminentemente prácticos quizás opinen que el conocimiento incompleto es el mas importante ya que sirve de base para realizar muchas cosas previo a su completud. Tal ha sido el caso de las ciencias medicas donde los médicos a menudo solo conocen parcialmente la biología funcional básica de los sistemas orgánicos del cuerpo, así como sus patologías y tratamientos. 
 
Investigar exclusivamente para obtener una mayor comprensión sobre un tema determinado, sin considerar las ulteriores aplicaciones practicas, representa la característica fundamental de la labor académica. Tal es así que el proceso académico a menudo termina por representar el triunfo de la forma sobre el contenido. 
 
El habito de buscar conocimiento por el mero hecho de saber mas tuvo sus inicios en la época de los filósofos griegos, en especial en aquellos individuos que también se dedicaban a las matemáticas. El estudio de las matemáticas es aquella disciplina que se dedica al estudio de patrones, proceso que conlleva su propia justificación. Un determinado procedimiento conduce al siguiente y, en ocasiones, el cuerpo de conocimiento acumulado llega a formar una masa critica que, a su vez, conduce a una nueva síntesis en la cual todo lo conocido hasta ese momento se agrupa e integra de una forma mas clara y/o favorable. El proceso se puede resumir en cinco pasos fundamentales: 1.- síntesis inicial 2.- nueva hipótesis; 3.- nueva tesis; 4.- antitesis de oposición/confrontacion; y 5.- nueva síntesis.
 
Precisamente un proceso semejante al anterior condujo al desarrollo de la geometría analítica. Se supone que en el transcurso de tal proceso se pondrán en evidencia ciertas leyes básicas de la naturaleza y, a posteriori, que tales leyes conduzcan hacia el desarrollo de algunas aplicaciones practicas. De ahí la diferencia fundamental entre la investigación básica y la investigación aplicada.
 
El punto de vista opuesto defiende la postura de que demasiadas mentes inteligentes se malgastan en procesos académicos circulares carentes de dirección y/o sentido en vez de ser utilizadas para desarrollar nuevas y mas eficaces aplicaciones practicas. En la actualidad todo apunta a que la brecha que existe entre la investigación básica y la aplicada se extiende cada vez mas. 
 
Tal fenómeno se produce porque un académico tiene como meta la finalidad de su propia promoción académica y, en consecuencia, se ve obligado a enseñar y publicar para mantener su posición y valor. El problema en todo esto reside en que el académico acaba por eligir y adaptar el tema de su investigación y publicación al nivel de su talento y conocimiento personal, en vez de encarar problemas difíciles y transcendentes. De esta manera se cae en la peor situación imaginable donde el académico acaba adaptando su investigación a los limites y limitaciones de su talento, de tal manera que el proceso de publicar por publicar – sea lo que sea - se convierte en un fin en si. 
 
Ahora bien, ¿que siente un científico cuando se dedica a investigar como funciona una pequeña parte del mundo natural? Si bien disfruta como cualquier otra persona, también es consciente de que su labor posee dirección y sentido. 
La curiosidad humana es la mayor motivación para impulsar la ciencia. De hecho, todo científico es curioso por naturaleza, y manifiesta una cierta paranoia hacia las misteriosas conspiraciones de la naturaleza con el fin de destejerlas y explicarlas. Siempre existe la posibilidad de que la respuesta a una pregunta aparentemente trivial logre claridad sobre alguna faceta de la naturaleza aun por descubrir.
 
Como hemos dicho anteriormente, las personas ajenas a la ciencia suelen imaginar a los científicos como genios académicos solitarios encerrados en sus altas y herméticas torres de marfil. Es posible que tal punto de vista aplique para algunos investigadores, e incluso para ciertos escritores, músicos, artistas, y filósofos. Pero la mayoría de los científicos, incluyéndome a mi, consideran posible hacer ciencia sin necesariamente ser huraños, inadaptados a la realidad, o genios, ni vivir en torres de marfil. 
 
La principal característica del académico es poseer una disposición abierta hacia la critica constructiva. Este deberá compartir sus resultados e ideas a través de cursos, conferencias, seminarios, y publicaciones, lo que a veces lo expone a mas criticas, pero que a la vez llama su atención sobre adicionales cuestiones de importancia. Además, todo ello actúa como una fuente de información que ha logrado superado un examen critico y objetivo, y que puede proporcionar nuevas perspectivas. 
 
Sin esta comunidad de diversidad de enfoques e ideas no existiría tal fuente de información. Tampoco existiría la ciencia. En esencia, considero que no existe argumento ni razón alguna para esconder o retener información científica de los demás.
 
Incluso, y a continuación, nos podríamos plantear la siguiente pregunta: ¿acaso importaría que no existiese la ciencia? Desde luego que a mi, si, y me importaría porque es mi vocación y profesión, y no puede negarse que todos vivimos mejor gracias a los constantes descubrimientos científicos. No obstante, los resultados prácticos de la ciencia van mucho mas allá de la informática, los medios de comunicación, y la biomedicina, que son las tres áreas que están de moda. 
 
La innovación, la creatividad, el talento, la tecnología y el poder del “big data” se constituyen como una serie de postulados inevitables de nuestro presente.  Y, en el caso de la tecnología, hay una lista extensa de desarrollos que ya habitan entre nosotros: la inteligencia artificial, la robótica, Internet, los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de materiales, el almacenamiento de energía, o la computación cuántica.
 
Las consecuencias a corto, mediano, o largo plazo de un descubrimiento científico determinado a menudo son impredecibles, incluso para el propio descubridor. Cuando Ernest Rutherford (1871-1937), Premio Nobel de Química 1908, consiguió dividir el átomo aclaro que seria virtualmente imposible derivar beneficio practico alguno de tal proceso. A decir verdad, el propósito de Rutherford no consistía en encontrar una aplicación practica a su descubrimiento sino averiguar de que consistía la estructura interna de un átomo, y de esa manera comprender mejor la naturaleza mas intima del universo. 
 
Las ulteriores consecuencias de la aportación científica de Rutherford incluyen la bomba atómica, las centrales nucleares, nuevos métodos de diagnostico y tratamiento para enfermedades, y un concepto mas preciso sobre nuestra procedencia evolutiva y del origen del universo. Verán que en esta lista hay elementos buenos y no tan buenos para nuestra supervivencia como especie. Pero, a decir verdad, nadie puede ni debe juzgar y/o sentenciar categóricamente si las consecuencias del descubrimiento de Rutherford han sido para bien o para mal, morales o amorales. El descubrimiento de Rutherford fue esencialmente neutro.
 
Por lo tanto, y en mi humilde opinión, la investigaron científica es característicamente neutra, o sea ni buena o mala, ni moral o amoral. Las motivaciones de los científicos difícilmente se prestan a ser clasificadas según las anteriores categorías, pero mucho mas difícil aun es intentar predecir las posibles y eventuales condiciones y aplicaciones practicas de tal respuesta. En esencia, son siempre las aplicaciones practicas lo que realmente se debe intentar controlar. No tanto la motivación neutra y primaria del científico para concebir y realizar el proceso de descubrimiento, sea cual fuese. 
 
Todo esto no significa que el científico carezca de responsabilidad, sino que tal responsabilidad debe situarse precisamente en el lugar correspondiente, y en ningún otro lado. Tal responsabilidad consiste en comunicar los nuevos descubrimientos a la comunidad científica y no científica para que los dirigentes políticos puedan asumir decisiones con pleno conocimiento de causa y buen criterio. En realidad, los científicos no pueden ni deben hacer mas, pero tampoco deben hacer menos. 
 
Una de las principales funciones de un científico consiste en explicar y difundir  a los demás que es y como funciona la ciencia. Es imposible determinar de antemano los tipos de preguntas de investigación que obtendrán respuestas tipo si o no, o meramente triviales, o incluso ninguna respuesta aceptable. Tampoco es posible predecir que con precisión que preguntas obtendrán respuestas significantes o insignificantes. 
 
No obstante, y para potenciar tal proceso, es absolutamente necesario contar con el apoyo y la contribución de científicos procedentes de diversas culturas sociales y académicas, así como con distintos y variados puntos de vista. Todo ello para que, en conjunto, se pueda crear una rica variedad científica de la cual surjan resultados relevantes. Por otro lado, una miope e insulsa monocultura científica, en la que todos trabajan sobre las mismas preguntas y buscan las mismas respuestas, simplemente conduciría a la extinción de la ciencia tal cual la conocemos.
 
Siendo el movimiento del dinero el mayor censor imaginable para la ciencia, este acaba concentrándose convenientemente en cuestiones cuya solución muchas veces se conoce de antemano o bien son predecibles con tal seguridad que ni vale la pena su ulterior comprobación. De esta manera, las cuestiones serias y profundas, o sea las verdaderamente importantes, se dejan al margen y finalmente pierden inercia y acaban por desaparecer. El resultado final conduce a que la diversidad humana acabe disminuyendo para extinguirse con el paso del tiempo.  
 
Largos años de ciencia activa han demostrado que las aplicaciones practicas finales de los avances científicos raramente guardan una relación tipo causa y efecto con la motivación original existente en el comienzo de la investigación. A tal efecto, el bioquímico alemán Hans Kornberg (1928-) elaboro una breve pero precisa lista que incluía los diez avances biomédicos de mayor relevancia que se produjeron a lo largo del siglo XX. Sorprendentemente, siete de los diez descubrimientos surgieron como consecuencia directa de investigaciones irrelevantes que no guardaban relación causa y efecto alguna con el curso de su eventual aplicación.
 
Es un axioma bien conocido que de la mano de la diversidad va la responsabilidad, cuyo peso no solo recae en el propio científico, sino también en su comunidad.  Con frecuencia, las comunidades científicas representan un “aparte” en vez de “una parte” en sus respectivas comunidades. Es precisamente aquí donde nuevamente nos referimos a la previamente mencionada torre de marfil, ya que no es tanto el científico quien se recluye y esconde en su interior, sino que a menudo – y a veces por razones incomprensibles - es prolíficamente marginado y forzado a recluirse en tal torre por las acciones de sus propios comunidades no científicas. 
 
En el ultimo análisis depende de los científicos, y todas las personas cultas y creativas, saber bajar de sus torres de marfil y compartir la ciencia y el arte con sus respectivas comunidades, así como reconocer los limites y las limitaciones inherentes a lo que de verdad se puede y no se puede hacer.  
 
Es mi deseo que este breve articulo sea un pequeño pero firme paso en esa dirección.
 

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