Actividad Física, Estrés, Ansiedad, y Depresión

Guillermo Laich
13/05/2022 15:59
 
El ejercicio físico regular brinda el doble de beneficios a quienes padecen trastornos de estrés, ansiedad, y depresión

 

 

Sabemos que el cumplimiento de diferentes modos de ejercicio físico regular se asocia a una reducción del riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares. No obstante, sus beneficios pueden ser considerablemente mayores para las personas que padecen trastornos de estrés, ansiedad, y depresión.

De hecho, los efectos cardioprotectores del ejercicio físico son casi dos veces mayores en las personas con trastornos de ansiedad y depresión que en las que no padecen tales afecciones. 

El estrés es la reacción que se produce en una persona frente a acontecimientos valorados como desafíos a su propia integridad. En el actual contexto, el estrés se refiere a cualquier condición que tienda a elevar los niveles plasmáticos de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) en respuesta a estímulos exógenos o endógenos. 

En términos generales podríamos decir que el estrés concierne aquella situación en la cual las demandas externas (sociales) o las demandas internas (psicológicas) superan la capacidad de respuesta del individuo. Se provoca así una alarma orgánica que actúa sobre los sistemas nervioso, cardiovascular, endocrino, e inmunológico, produciendo un desequilibrio psicofísico y la consiguiente aparición de la enfermedad.

Por lo que podemos deducir, el estrés representa un enemigo engañosamente simple e ilusorio. No obstante, un cierto nivel de estrés es beneficioso para el organismo humano. Por todo ello, las actuales e ingentes cantidades de investigaciones sobre e estrés nos envían un claro mensaje: no hay que eliminar todo el estrés de nuestras vidas, sino que hay que buscar sus niveles óptimos.

En las respuestas adaptativas al estrés existen dos componentes principales. 1.- una respuesta nerviosa rápida (sistema simpatico-adrenergico-noradrenergico o S-ANA) y 2.- una respuesta hormonal lenta (sistema límbico-hipotálamo-pituitario-adrenal o L-HPA).

La ansiedad que se deriva de los estímulos estresantes se manifiesta a menudo a través de respuestas individuales de falta de adaptación a escala fisiológica, cognitiva, y conductual, que obstaculizan el rendimiento global del sujeto.

En la depresión existe un fallo en las respuestas adaptativas al estrés, así como entre los mediadores alostáticos del estrés y los neurotransmisores implicados en la neurobiología de la depresión. En la depresión existe un umbral muy bajo ante las situaciones estresantes con aumento de las citocinas proinflamatorias que favorecen la arterioesclerosis y la enfermedad coronaria.

Los individuos con trastornos de estrés, ansiedad, y depresión que realizan ejercicio físico regular demostraron tener un riesgo menor al 22% de padecer eventos coronarios adversos mayores, en comparación con un riesgo menor al 10% en individuos libres de estas dos condiciones.  

Los datos anteriores no implican que el ejercicio físico sea eficaz exclusivamente en aquellas personas que padecen ansiedad y depresión. Por el contrario, demuestran que las personas con dichos diagnósticos derivan un beneficio cardiovascular considerablemente mayor del ejercicio físico regular. Para ser más preciso, tal beneficio en la reducción del riesgo resulta ser casi el doble.

Estos hallazgos son muy significativos y realmente importantes de cara a la elaboración y aplicación de futuras directrices terapéuticas relacionadas con el ejercicio físico. Esto nos aporta datos adicionales para fomentar los cambios en el estilo de vida de los pacientes, para combatir la enfermedad cardiovascular, o para prevenir la enfermedad cardiovascular en otros pacientes.

Se calcula que entre el 15% y el 30% de los pacientes con enfermedades cardíacas presentan trastornos comunes de estrés, ansiedad, y depresión. Por lo tanto, se debería proceder a efectuar un cribado de estos trastornos mentales formulando preguntas sencillas sobre la fatiga, el estrés, la carga alostática, y la autoestima. Se trata de asegurarnos de que los pacientes sean conscientes de la asociación que existe entre el estrés, la ansiedad, la depresión, y la enfermedad cardíaca.

Los datos de imágen tipo TAC y RMN demostraron que el ejercicio físico disminuye la actividad neuronal asociada con el estrés mediante una regulación de la actividad cortical prefrontal medial. Este mecanismo explica el 7% del beneficio cardiovascular obtenido de la practica de ejercicio físico.

A estas personas, la actividad física no sólo les ayuda a sentirse más tranquilos y mejor, sino que también les reduce el riesgo de contraer una enfermedad cardiovascular. En esencia, podemos afirmar que la actividad física permite a quienes padecen trastornos mentales crónicos, como ansiedad y depresión, ambos relacionadas con el estrés, matar dos pájaros de un tiro: 1.- mejorar los síntomas de los trastornos mentales; y 2.- proteger contra la instauración de enfermedades cardiovasculares.

Para lograr tales beneficios se recomenda realizar un mínimo de 150 minutos de actividad física moderada por semana. Eso equivale a 22 minutos por día, aproximadamente. Cumplir o superar ligeramente este volumen de actividad física mínima semanal se relaciona con un menor riesgo de sufrir enfermedades coronarias, con una reducción considerablemente del estrés y la ansiedad, y finalmente con una mejoria del estado de ánimo. 

 

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