El Arte de Esculpir el Tiempo

Guillermo A. Laich
02/01/2018 23:08

“Ayer se fue; mañana no ha llegado, hoy se esta yendo sin parar un punto: soy un fue, y un será, y un es cansado.”

Francisco de Quevedo (1580-1645)
 
 
El término “esculpir” hace referencia a la realización de una obra de escultura, también se refiere al acto de grabar, en hueco o en relieve, sobre una superficie de piedra, metal, o madera. Un “escultor” es aquel capaz de expresarse artísticamente mediante el acto de esculpir.
 
 

Por otro lado, el concepto de “tiempo” es algo mas difícil de definir ya que es un constructo creado para explicar y comprender los cambios y las permanencias en nuestras vidas. Corresponde una magnitud física con la que medimos la duración o separación de acontecimientos y nos permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un “pasado,” un “futuro,” y un “presente.” Sin eventos el tiempo no existe.

El término “pasado” se refiere at tiempo transcurrido, o sea al conjunto de sucesos ocurridos en un periodo anterior a un punto temporal determinado, que se ubica en una posición anterior al presente. El termino “futuro” corresponde a aquella porción de la línea temporal que todavía no ha sucedido, y que esta ubicada en una posición posterior al presente. Se refiere a una conjetura que bien puede ser anticipada, imaginada, extrapolada, predicha, especulada, postulada, teorizada, o calculada a partir de datos en un instante de tiempo concreto. El porvenir implícito en el tiempo futuro comprende todos los posibles y, por consiguiente, permanece indeterminado. Finalmente, el “presente” hace referencia a un suceso que no pertenece ni al pasado ni al futuro, y que se ubica en una posición posterior al pasado y anterior al futuro. 
 
En realidad no captamos ni vivimos en su integridad el pasado, el futuro, y el presente, sino que recogemos al azar, confundimos y revolvemos a cada momento briznas de los tres de forma casi simultanea. Siendo así, esta claro que la filosofía solo es capaz de triunfar con facilidad de los bienes y los males pasados y futuros; pero los presentes la vencen con facilidad.
 
En los párrafos anteriores, el tiempo ha sido prudente y arbitrariamente dividido en tres momentos distintos y bien diferenciados entre si: pasado, presente, y futuro. Pero, y aplicando un mayor grado de precisión, en realidad tales momentos no se presentan exactamente como tal. Un mayor escrutinio nos pone en evidencia que solo existen dos momentos posibles y esencialmente distintos: 1.- el de la existencia real efectiva; y 2.- el de la existencia posible. 
 
Esto es así porque el primer momento, correspondiente al pasado o al presente, esta terminado y ya no se le puede tocar; mientras que el segundo momento, el de la existencia posible, correspondiente al futuro, y aun se encuentra plenamente abierto de par en par. Todo es posible en el futuro, esencialmente porque no tenemos una idea totalmente certera sobre cómo es o cómo puede ser. Solo sabemos que nos esta esperando … ahí delante … en algún lugar del tiempo.
 
Ahora bien, en este momento usted está viviendo en el ahora, no en el antes, o en el después, o en el más allá. Usted se encuentra en el aquí y ahora, pudiendo estar feliz, infeliz, abandonado, aburrido, apasionado, ansioso, deprimido, solo, acompañado, dolido, jocoso, lloroso, fumado, borracho, colocado, heredando millones, perdiéndolo todo, moribundo, o lo que sea. Este día, esta hora, este minuto, este segundo. Ahora mismo. No mañana ni el día después. Ahora. No ayer. Tampoco hace solo unas cuantas horas, unos pocos minutos, o unos escasos segundos. Ahora. Si, ahora es donde está todo, donde está usted, donde estoy yo, y donde está todo el mundo en este mismo momento. Piénselo detenidamente y se dará cuenta que es verdad. El ahora es la unidad funcional de la vida. 
 
En realidad, el ayer y el mañana no existen como espacios reales en los cuales podemos existir y vivir, esencialmente porque la misma naturaleza dinámica del tiempo nos impide acceder a ellos. Ambos espacios nos mantienen eternamente apartados de sus respectivos tiempos. Solo permanecen los recuerdos, los sentimientos, las imaginaciones, y las ilusiones.  
 
El ahora es el momento presente que implica normalmente una cierta duración pero que, tomado estrictamente, se reduce al instante. Se nos muestra el ahora, este ahora. Ahora ha dejado de ser cuando nos es mostrado; y vemos que el ahora es justamente esto de no ser ya cuando es. En esencia, ahora es siempre, todavía.
 
El ahora corresponde a un momento muy iluso y misterioso del tiempo, pero si lo sabemos buscar e identificar, lo podemos encontrar e insertarnos en el. De hecho el ahora está justo delante de nosotros en la gente, en los eventos, y en la vida. Pero intentemos encontrar, desplazarnos, y situarnos en el ayer o en el mañana. Ambos se nos escurrirán como si intentáramos tomar sopa con un tenedor. No los podremos encontrar jamás, simplemente porque no se encuentran en ningún sitio asequible. 
 
Es precisamente ahí, en el aquí y ahora, donde en semejanza a un hábil escultor esculpiendo una estatua de piedra con su pesado martillo y afilado cincel, donde tenemos el poder de hacer lo mismo con nuestro tiempo presente. Obras de arte únicas, valiosas, e inimitables que, sí están bien hechas, pueden comprarse con las majestuosas estatuas de Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), o con los inigualables violines de Antonio Stradivari (1644-1737). 
 
Los antiguos monjes taoístas solían pensar y sentir que en estado de meditación el propio ser era “un trozo de tiempo sin esculpir.” El mismo valor y textura que tiene la piedra para el escultor, lo tiene el tiempo para el monje. A semejanza del monje, un buen músico también es capaz de esculpir el tiempo. Y lo hace cuando crea y expresa el contenido artístico de su música. En ese momento es el único creador de una obra artística sonora compuesta por una serie de notas muy bien seleccionadas que solo existen en el tiempo y entre cuidadosamente seleccionados periodos de silencio. 
 
De esta manera, y cada vez que nos deleita con su instrumento, el músico se enfrenta de manera directa a un trozo de tiempo virgen, prístino, y sin esculpir, en el cual intentara expresar toda su técnica y creatividad - todo ello al estilo de Miles Davis, Ray Charles, o Carlos Santana, entre otros. Para establecer un paralelismo, yo también necesito esculpir el tiempo – mi tiempo - cuando presento una conferencia o dicto un curso en la universidad, entreno en el gimnasio, salgo a correr por el parque, realizo una kata avanzada de karate, cuando escribo un artículo como este, o cuando sencillamente no pienso ni hago absolutamente nada … simplemente estoy y soy ... 
 
Ahora bien, la materia prima sobre la cual esculpimos es una especie de flujo extraño, indefinido, y constante que tiende a moverse en una sola dirección. Algunos físicos de renombre han llegado a la conclusión de qué ese tiempo o materia simplemente “es” y corresponde al río del tiempo que fluye hacia un destino desconocido. Un río profundo, imposible de detener ni de recomenzar, que en su misterioso origen no aparece ni desaparece, su flujo no aumenta ni disminuye, y siempre se presenta ante nosotros con un carácter totalmente neutro. 
 
Podemos elegir beber o no beber de este río. Podemos encontrarnos expuestos a él, o experimentar como se cierra sobre nosotros, pero siempre sin ninguna posibilidad de que nuestra voluntad influya sobre su flujo. Hagamos lo que hagamos, siempre está ahí, y en realidad, se asemeja a una estrecha rampa mecánica que se mueve en el plano horizontal, como las que hay en los aeropuertos para transportar a los pasajeros de un lado al otro, pero con nada, literalmente nada, a cada lado.  
 
El mañana es interesante, y nos hace mucha ilusión, pero solo desde la perspectiva del momento actual. El mañana no nos importaría sí con el tiempo no tuviese la posibilidad de convertirse en un ahora. Ese acto de conversión retrograda del futuro, y su inexorable llegada al ahora, es lo que vuelve loco al prisionero en su celda cuando espera el momento de su ejecución. Mirándolo desde esta peculiar perspectiva, el futuro consiste en una proyección retrograda del ahora hacia atrás en el tiempo, y poco más. 
 
Lo mismo sucede con el ayer. Como la mayoría de nosotros tenemos la esperanza de ser visitados por nuestras memorias, deseamos ser lo más feliz posible recordándolas y transportándolas hacia el ahora. Pero recordemos que solo somos capaces de estar contentos y felices en el ahora, no en el ayer. 
 
A pesar de la inmutabilidad y omnipresencia del tiempo físico, el tiempo emocional se nos puede perder. Esto se debe a que el individuo que padece un trastorno depresivo no solo pierde la ilusión de un futuro, sino también el deseo de vivir en el presente. Incluso, y en determinadas ocasiones, también es posible que se pierda el pasado y no quede absolutamente nada.
 
Busquemos donde busquemos, el trozo de tiempo que tenemos disponible para ser esculpido solo se encuentra en el ahora. Es por eso que preferimos, sufrir, llorar, pagar, y morir en el pasado, en el mañana, o cuando sea - pero definitivamente no en el ahora. Algunos consideran que sí son capaces de lograr desplazar los eventos desagradables y/o dolorosos fuera de los confines del ahora, estos perderán su poder sobre ellos. Lamento decirles que esto no es así. 
 
El hecho de intentar desplazar tales eventos fuera del aquí y ahora es consecuencia de una profunda inmadurez personal, así como de una utilidad sumamente limitada. En ausencia del olvido total, el lavado de cerebro, o de una sobre saturación sensorial de estímulos y distracciones, todos los eventos desagradables desplazados en el tiempo siempre tienden a convergir para convertirse en un ahora, y tarde o temprano se nos presentarán con toda su furia. 
 
El proceso de “extrapolación” se refiere a una especie de telescopio temporal que nos permite viajar mentalmente en el tiempo hacia el pasado o bien hacia el futuro – pero siempre partiendo del ahora. Esta capacidad para procesar memorias, imaginaciones, e ilusiones, y desplazarlas y recambiarlas en el tiempo, nos permite una infinita creatividad, así como también una habilidad única para inferir y determinar lo que va a suceder en el futuro partiendo del presente. Nuestra capacidad para simbolizar, imaginar, y anticiparnos al futuro es sin duda el don humano por excelencia. Este poder es lo que nos convierte en el cerebro del planeta y también en el arma más compleja, creativa, poderosa, depredadora, y destructiva que jamás se haya diseñado.
 
Con respecto al pasado, nos es correcto expresar que todas las cosas que son en el ahora han tenido algún pasado. Una persona de cincuenta años de edad posee un pasado de cincuenta años en el tiempo. Pero para tener tal pasado debe de estar vivo ahora, ya que el hecho de haber tenido algo en algún momento anterior es una acción del presente. Por lo tanto, el pasado es una realidad en el presente de aquel sujeto que mide la cantidad de sucesiones o secuencias del ahora, que el mismo ha experimentado en los últimos cincuenta años. Tales secuencias, por lo general, se encuentran en la memoria.
 
Un antiguo chiste soviético nos dice que, “el futuro es cierto y predecible, mientras que el pasado es incierto e impredecible.” En múltiples ocasiones, el tiempo pasado ha representado ser un terreno altamente disputado. Para el historiador lo impredecible del pasado constituye algo muy serio, ya que en la actualidad existen grandes desacuerdos, con sus respectivas distorsiones e invenciones, respecto al significado de los eventos que han sucedido en tiempos anteriores. En algunas ocasiones, incluso la mismísima verdad se inventa y el pasado acaba siendo mas incierto que el futuro. 
 
De generación en generación, y a medida que el presente avanza hacia el futuro, el tiempo pasado es visto a través de un curioso prisma rotativo de carácter dinámico. De esta manera, y en función de un prisma en constante estado de cambio ubicado en el presente, el pasado también es sometido al cambio.  
 
No obstante, este proceso paradójico en vez de distorsionar totalmente nuestra visión del pasado, nos proporciona una extensa serie de nuevos puntos de vista, así como distintas perspectivas de intelección desde donde poder observar todo lo que ha sucedido, y sucede, en el pasado, presente, y futuro. 
 
El termino portugués “saudade”  esta íntimamente relacionado con los términos “nostalgia y morriña,” y poseen un profundo y complejo contenido y significado emocional. El termino hace referencia a la tristeza nostálgica que nos producen los recuerdos felices de hechos que se vivieron en el pasado. El termino hace referencia, incluso, a un estado de ánimo semejante a la tristeza de tipo depresiva, catalizado por la felicidad desplazada hacia al pasado. 
 
El núcleo de este proceso radica en la estimulación creada por la sensación de distancia temporal o espacial, real o imaginada, de algo amado, que implica el deseo de intentar acortar esa distancia. El proceso corresponde al conocimiento reprimido de saber que, aquello que tanto se hecha de menos o extraña en el pasado, quizá jamás vuelva a hacer su presencia en el ahora. De ahí la tristeza y la depresion.
 
Es muy probable que gran parte del sentimiento de nostalgia dependa de esa misma sensación de frustración, así como de la incapacidad para recuperar los sentimientos felices vividos en el pasado. Es precisamente esa singular naturaleza del “ya pasó,” de un feliz pasado que no volverá al presente, lo que le otorga su enorme poder emocional. 
 
Según las palabras de Sigmund Freud, “el pasado no es como lo vivimos, sino como lo recordamos después de una represión selectiva.” Ahora bien, si esto es verdad, ¿como podemos tener la plena seguridad que las cosas sucedieron exactamente como pensamos que lo hicieron? Esta visto que con el paso del tiempo nuestras memorias tienden a envejecer, difuminarse, y modificarse radicalmente. Además, todas aquellas experiencias compartidas de manera íntima, lentamente se van convirtiendo en memorias colectivas. 
 
En consecuencia mezclamos lo qué en realidad ha sucedido con lo qué elegimos recordar, y lo volvemos a mezclar una y otra vez con las memorias de otras personas y eventos, así cómo con todo lo aparentemente real – pero que en su gran mayoría es ilusorio. De todo lo que experimentamos en Internet, la televisión, el cine, la radio, las revistas, el teléfono móvil, iPads, y los periódicos, todos son elementos altamente distorsionantes de la realidad. Todo apunta a que, en virtud de nuestra selectiva y engañosa memoria, el pasado no es lo que fue, sino cómo nuestras mentes convenientemente han decidido recordarlo.
 
Ahora bien, ¿realmente qué es ese “ahora,” tan elusivo y tan especial, en el cual todo debe convergir y todo tiene que ocurrir? Sin duda es un trozo, o mejor aún, una muy fina y muy breve rebanada de tiempo, en comparación con el pasado o el futuro. Se parece a un fantasma, ya qué aparece y desaparece en un flash. De hecho, mi última inspiración ya se encuentrá en el pasado, ya es historia. 
 
La importancia del ahora es obvia. El ahora, formando el núcleo, y a cada lado el pasado y el futuro (a modo de un balancín), nos sitúan en una amplia experiencia vivencial, dándonos en ocasiones una sensación de ausencia de tiempo o bien de un tiempo infinito dentro del mismo tiempo. Mientras dure, tal sensación se nos presenta como una rebanada infinitesimalmente fina de la misma eternidad … pero que en realidad no lo es. 
 
Si bien nuestras mentes desean, y tienen tendencia a operar en el ahora, en ocasiones son totalmente invadidas por las memorias del pasado o las imaginativas ilusiones del futuro. Es así cómo todas ellas – ubicadas en el pasado, presente, y futuro – se superponen y entremezclan creando una zona gris de muy confusa y difícil definición. Una zona donde no se sabe a ciencia cierta donde comienza la realidad del ahora, o el recuerdo del pasado, o la imaginación del futuro. En realidad, en mayor o menor grado, y para bien o para mal, la mayoría de nosotros, vivimos envueltos y “nadando” en todas estas múltiples distorsiones temporales. 
 
Ya sea en el amor, en la escritura, en la música, en el lenguaje, en la meditación, en la danza, en los deportes, o en lo que sea..., y en semejanza a la precisión quirúrgica de un rayo láser, estaremos sintonizando, actualizando, y enfocando el flujo del tiempo en ese tan especifico, breve, y disponible trozo de tiempo que es el ahora. 
 
Si logramos hacerlo correctamente, en semejanza a los antiguos monjes taoístas en estado de profunda meditación, nuestro incierto y efímero tiempo de ubicación en el ahora, nos brindará la posibilidad de convertirnos en su mas artístico y creativo escultor.   
 
 
 
 

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