Eudaimonia

Guillermo A. Laich
15/01/2018 23:36

“He procurado no reírme de las acciones humanas, no llorar por ellas, no odiarlas, sino comprenderlas.”

Baruch Spinoza (1632-1677) 
 

El termino "eudaimonía" proviene del griego y se aplica, en general, a toda teoría ética que considera que la felicidad es el bien que buscan por naturaleza los seres humanos. En este sentido, todas las éticas de la antigüedad clásica comparten dicha característica, diferenciándose a la hora de determinar en qué consiste la felicidad, de la que ofrecen distintas concepciones: la fortuna, la abundancia de bienes materiales, el placer, la dicha interior, la rectitud moral, la sabiduría, o la serenidad de ánimo.

En contextos filosóficos, tradicionalmente se ha traducido eudaimonia como felicidad, pero esta definición no es totalmente exacta. Mas recientemente se ha propuesto el concepto de florecimiento humano, refiriéndose a la acción de florecer, crecer, prosperar, o aumentar la importancia o la grandeza del ser propio humano.
 
Debido a lo anterior, podemos afirmar que existen dos formas o tipos básicos de felicidad humana: 1.- la felicidad hedonista; y 2.- la felicidad eudaimónica. 
 
La felicidad hedonista es el estado de ánimo elevado que experimentamos después de un evento de vida externo, como comprar un coche o una casa. Corresponde a una doctrina ética que identifica el bien con el placer, especialmente con el placer sensorial e inmediato. 
 
La felicidad eudaimoníca es nuestro sentido de propósito, significancia, y dirección en la vida. O sea, nuestro involucramiento con algo más grande que nosotros mismos, como contraer matrimonio, obtener una titulación universitaria superior, o conseguir una sereno estado de nirvana tras largos años de meditación. 
 
Aristóteles  (384 a. C. - 322 a. C.), en su momento escribió que todos están de acuerdo en que la eudaimonia es el principal bien para los seres humanos, pero que existía una considerable diferencia de opiniones respecto a que consiste exactamente la eudaimonia.
 
Aristóteles estuvo de acuerdo en que la virtud es una condición necesaria para la eudaimonia, pero también sostuvo que no era suficiente. La eudaimonia no se aplica específicamente a un punto o momento particular de placer en la vida de una persona, sino a una vida entera que ha sido bien y plenamente vivida. 
 
Etimológicamente hablando, el termino “eudemonía” proviene de la misma palabra griega eudaimonia, termino compuesto de "εú" bueno y " δαίμων" o dáimôn con grafía latina. Dáimôn suele referirse a ciertos entes que comparten los rasgos fundamentales de lo que en otras tradiciones se denominan ángeles y demonios. No obstante, en griego, dentro de este campo semántico, tiene múltiples significados. Podríamos afirmar que la eudemonía es un medio para el bien. 
 
Así el término derivado: eudemonismo, vendría a designar los planteamientos éticos que constituyen una reflexión que viene a plantear estrategias o medios para alcanzar un fin, que es precisamente un bien, o sea, una vida plena y mejor.
 
En terminos generales, virtualmente toda la ética griega puede ser considerada eudemonista: Socrates, Platón, Aristóteles, Epicureismo, Estoicismo, Escepticismo, y Cinismo, entre otras. También podríamos considerar eudemonista la ética de Tomás de Aquino, en el sentido que busca la felicidad, aunque sea en una vida futura. Aunque aquí deberíamos hacer otra división: eudemonismo terreno (los que buscan la felicidad en la vida presente) y eudemonismo ultraterreno (los que buscan la felicidad en una vida después de la muerte). 
 
Pues bien, todos los seres humanos buscan la felicidad. Sin embargo, muchos la buscan por medios equivocados o bajo una confusión de lo que es la felicidad. La filosofía, y recientemente la ciencia, coinciden en que la felicidad viene fundamentalmente de una vida llena de significado, de conexiones profundas con uno mismo y con las demás personas, y de una vida espiritualmente plena.
 
Es por ello que se ha rescatado el término griego eudaimonía, el cual nos remite a la importancia de armonizar la vida con el significado más profundo, o aquello que los griegos creían venía del alma o del espíritu y que nos vinculaba con el cosmos. El daimon es, según se creía en la antigua Grecia, el genio o acompañante del alma, y a veces usado como sinónimo mismo del alma o psique. 
 
Comparando y contrastando, para el psiquiatra Suizo Carl Gustav Jung (1875 – 1961), el daimon es el inconsciente mismo, el cual domina y dirige la vida de un hombre que no se ha individuado como un amo invisible. Es por ello que es importante conocer al daimon, hacer conscientes nuestras motivaciones inconscientes e integrarlo, algo así como aprender a escuchar nuestro corazón o espíritu. Quizás lo más interesante es que en la actualidad la ciencia ha recuperado esta idea de la eudaimonía. Veamos porque.
 
En la actualidad, y en ciertas universidades de EE.UU. se han realizado una serie de estudios sumamente interesantes sobre la relación entre el sistema inmune y la felicidad. Estudios diseñados para determinar cómo reacciona la sofisticada maquinaria biológica y bioquímica de las células humanas a lo que subjetivamente llamamos felicidad. Las conclusiones derivadas apuntan a que  la mente humana y el sistema inmunitario interactúan entre si y están íntimamente relacionados. De hecho, parece ser que los estados emocionales positivos o negativos de la mente son capaces de modular la actividad y las respuestas inmunes en varias vertientes. 
 
El resultado de tales estudios ayudan a comprender en mayor profundidad cómo los pensamientos, emociones, y actitudes se reflejan biológica, bioquímica, y fisiológicamente en el funcionamiento del sistema inmune. Los estudios cuantificaron los perfiles de expresión genética de los sujetos y se relacionaron con una evaluación paralela de sus niveles de felicidad. El resultado general fue que un mejor perfil de expresión genética significa una mayor respuesta antiviral y una menor respuesta inflamatoria. 
 
Cabe aclarar, nuevamente, que la evaluación de la felicidad se dividió en las dos grandes vertientes que hemos mencionado con anterioridad: 1.- la felicidad hedonista; y 2.- la felicidad eudaimónica.
 
Recordemos que por felicidad hedonista se entiende un estado de ánimo elevado que se experimenta después de un evento de vida característicamente externo, como puede ser ganar la lotería, o comprar un coche o una casa; mientras que la felicidad eudaimonía se ubica en un plano mucho mas espiritual apelando a  nuestro sentido de propósito y dirección en la vida. O sea, nuestro involucramiento con algo incluso más grande que nosotros mismos. De hecho, y sin lugar a duda, los estudios demostraron una clara y notable correlación positiva entre la felicidad eudaimónica y un mejor funcionamiento del sistema inmune. 
 
La falta de una vida espiritual profunda y adecuada, las reiteradas cargas alostáticas elevadas, y el estrés crónico tiende a reducir substancialmente la felicidad eudaimónica, y en consecuencia fallan el sistema inmune, el sistema neuroendocrino, y se reduce la longitud de los telómeros cromosomales que actuan en el proceso de envejecimiento. Por otro lado, actividades tranquilas y placenteras como la relajación y la meditación mantienen la longitud de los telomeros de tal manera que se protege al ADN actuando como un proceso anti-envejecimiento. 
 
En otras palabras, las funciones psíquicas capaces de generar estados mentales y emocionales felices de tipo eudaimonicos, también son capaces de afectar la expresión genética y regular la función de nuestro ADN en sentido beneficioso para la salud y longevida. Cabria considerar seriamente si la relajacion y la felicidad eudaimonica no constituirian una mas que excelente filosofia de vida.
 
 

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