La Salida es Hacia Dentro

Guillermo A. Laich y Remedios Carbonell
28/01/2018 13:02

La interioridad de una persona se opone al exterior, y lo hace porque depende de la propia consciencia o la consciencia misma. Ese mundo interior no es un refugio, sino una soledad poblada de sombras que constituyen la vida en si. Esa interioridad, que es nuestra y que nos hace participar del ser absoluto, no se presenta en principio sino como una libertad, es decir, precisamente como un poder total de auto determinación y creador de si mismo, de darse a si misma el ser, que de otro modo no podría ser el suyo.

 

Todo tenemos fantasías sobre posibles logros y proezas. Nos gustaría ser mejores profesores, escritores, deportistas, organizadores, bailarines, y personas. También nos gustaría ser mas creativos, pensar con mas claridad, ganar mas dinero, y tener mejor salud. Lo que pocos advertimos es lo cerca que están tales fantasías de la realidad. La pasión y el deseo constituyen dos pilares del puente que permite esa conexión. Pero ¿con que conectamos, de verdad?

Todos albergamos en nuestro interior una mejor y mas avanzada edición de nosotros mismos. Una minima modificación en nuestros pensamientos, sentimientos, y acciones nos permite ser mas veloces y ágiles, aumentar la fuerza y potencia, reducir las lesiones, aprender mas de prisa, y ganar mas a menudo. 

No obstante, esa nueva edición suele permanecer latente en nuestro interior por cuatro razones fundamentales: 1.- las fuerzas culturales y sociales la mantienen oculta; 2.- no se cree en tal edición; 3.- no se sabe como desarrollar el nuevo potencial; y 4.- tampoco se sabe como implementarlo en el mundo real. 

Pero el potencial siempre esta ahí, y todos somos capaces de funcionar a un nivel mas elevado. Y lo somos si creemos en nosotros mismos lo suficiente para que nuestro propia experiencia interior nos enseñe como hacerlo. En realidad, todos conducimos un motor de gran potencia, pero a solo diez kilómetros por hora. Además, todas las respuestas que buscamos se encuentran en nuestro interior, si solo sabemos como y donde buscarlas. Hay que escucharlas y establecer una larga, intima, y autentica relación con uno mismo. Para muchos, el drama de su consciencia reside en que se descubren incapaces de si mismos, insensibles e infieles a su autentica naturaleza, a lo que hay de puro y verdadero dentro de ellos mismos.

Un mayor rendimiento en la vida no es un don misterioso al que acceden algunos afortunados. Se logra mediante una auto escucha y una metodología en el arte de vivir la vida bien entendida e implementada, y donde la propia persona debe ser comprendida, no clasificada.

Este sencillo articulo tiene la finalidad de intentar darle acceso a su propio y fascinante mundo interior. Un mundo que ofrece infinitas posibilidades, y donde uno puede recorrer todos los senderos y paisajes imaginables. Un mundo que se mueve en silencio y en torno al amor, y donde el ejercicio de la contemplación y el silencio es tan o mas importante que el del pensamiento y la palabra. Y, es mas, todo pertenece a uno mismo.

Lo que nos hace creer en un pensamiento o un sentimiento existente por si, antes de la expresion, son pensamientos y sentimientos ya constituidos y expresados a los que podemos convocar silenciosamente y por lo que nos hacemos la ilusion de la existencia de una vida interior. Pero, en realidad, ese pretendido silencio es un rumor de palabras y emociones; esa vida interior constituye un lenguaje interior. Al pasar del mundo exterior al interior, no nos libramos del entorno. Tan solo desdoblamos sus formas. Uno dispone ahora de dos mundos en vez de uno; o para hablar mas rigurosamente, uno habita en un entorno caracteristicamente desdoblado y ambiguo.

En realidad no es necesario saber y explicarlo todo para entender la propia esencia. Las preguntas fundamentales son solo cinco, y muy sencillas por cierto: 1.- ¿intento comprender mi vida o la soporto sin entenderla?; 2.- ¿cuál es mi autentica naturaleza?; 3.- ¿vivo la vida que deseo vivir, o la vida me vive a mi?; 4.- ¿cómo organizo mi vida de acuerdo a mis propios formatos?; y 5.- ¿dónde ha ido la realidad? 

La cabeza es, con gran diferencia, el lugar mas salvaje del cuerpo. No plantearse o bien no intentar responder a tales preguntas configura el mecanismo mas eficaz para amplificar la violencia y vivir en un perpetuo estado de hostilidad interna. 

Tales preguntas deben plantearse teniendo claro la diferencia entre “comienzo” y “origen.” Comienzo se refiere a un concepto histórico (cuando nací y como fue el historial de mi vida), mientras que origen define un concepto de fuente originaria (cual es mi esencia mas natural y originaria, y de donde vengo). La diferencia es abismal. 

Convencionalmente, para lograr acceder al origen de uno mismo hay que recorrer un camino donde una pregunta lógica y una respuesta coherente conducen a la siguiente. Ese es el camino filosófico … pero no es el único. Y no lo es porque nada profundo y evidente nace ni vive de razones. Se razona lo dudoso, lo probable, lo que no creemos del todo. El ultimo paso de la razon es reconocer que hay una infinidad de cosas que la exceden y que se ubican por encima de su capacidad de comprension.

A menudo tales preguntas y respuestas no existen dentro de los confines de la lógica o razon, incluso la lógica resulta incapaz de penetrar en ellas. Y falla porque tales preguntas y respuestas se ubican en un plano que supera la racionalidad – tales secuencias solo existen en el silencio y la experiencia directa. En tal caso, lo esencial consiste en reemplazar fugaces placeres superficiales y conscientes con duraderos gozos profundos e inconscientes. 

Por ejemplo, la música, el movimiento, y el silencio meditativo no saben de ficciones – son puros, sencillos, y directos, y por lo tanto no engañan. Y no engañan porque trabajan con otro orden de realidad. Cuando uno trata con el mundo en términos de sonidos, movimientos, y silencios meditativos, el resultado es el encuentro de tres modalidades en perpetua búsqueda de resonancia y sintonía. 

La sencillez ni siquiera sabe que es sencilla, y la persona que ha comenzado a vivir mas seriamente por dentro, comienza a vivir mas sencillamente por fuera. Solo hay que considerar las palabras de Pablo Picasso (1881-1973): “Me tardo toda una vida de transcender complejidades para pintar con la sencillez de un niño.” Con tales palabras Pablo Picasso apunta a que la sabiduria a menudo nos remite a la irracional e intuitiva frescura de la infancia. Plabras a las cuales Blaise Pascal (1623-1662) apostilla: "El corazon entiende razones que la razon no comprende."

La sencillez es aquella cualidad que hace que un individuo no se interese por grandes efectos materiales sino que pueda llevar adelante un estilo de vida basado en lo simple y en lo básico. La sencillez también puede aplicarse al espíritu. Es aquí cuando se la relaciona con el interés por cosas más trascendentales que los simples objetos materiales que abundan en nuestra vida cotidiana y que a veces pueden hacernos perder de vista lo más importante.

Por lo general, al transcender la complejidad inherente a su naturaleza y alcanzar el pleno desarrollo se conquista la sencillez. Su evolución es inminentemente interior y posee una jerarquía, un honor, y una dignidad que emana de su ser, imposible de ignorar.

Pues bien, todo apunta a que el arte de saber vivir la vida es consecuencia de una forma de vida sencilla, sensible, y espiritual donde uno se encuentra en un estado de perpetuo crecimiento interior. En tal proceso, lo esencial es crecer como persona para lograr ser cada vez mejor artista dentro de su propia vida, no crecer como artista para ser mas persona. La salida hacia el mundo de uno mismo, paradójicamente, siempre es “hacia dentro.”

Si bien todos somos maestros imperfectos, lo que transmite un profesor o un premio Nobel no es tanto su experiencia o sabiduría, sino su enorme entusiasmo. Tanto la verdadera docencia como el verdadero conocimiento no se imparte, se contagia. Y lo hace porque tales cualidades responden a factores internos mucho mas que externos.

Aquí les entregamos la llave que abre una pesada y antigua puerta que solo se entorna hacia dentro – hacia la profundidad y sencillez del mundo emocional y espiritual que habita en su interior. Su finalidad es convertir la cabeza, ese lugar colmado de distorsiones, peligros, y salvajismos, en un jardín de claridad, paz, e inteligencia – un jardín que refleje la mayor pureza y serenidad imaginable. 

Cuando abran esa puerta entenderan – racional o irracionalmente – que la salida hacia la mas completa independencia y libertad siempre es hacia dentro. En ese preciso momento comprenderán la razón de nuestro contagioso entusiasmo.

 

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